InstitutoTierraSanta
Anuario
Una mirada hacia el pasado de la Familia Tedesco
Corría el año 1958, cuando fui entrevistada por Fray Romualdo Mancini ofm, para iniciar mi tarea como docente. Después de la charla con el Padre me hizo saber, que desde el 2 de Mayo, me hacía cargo de 5ª Grado. Egresada del Instituto Ntra. Sra. de la Misericordia (Flores) albergaba un sin fin de proyectos, con el empuje profesional llena de sueños …

La Dirección, era la sala de una casona vieja con aulas que daban al patio, donde varios niños jugaban e invadían los muros de bulliciosas risas.Me encontré con un grupo de jóvenes docentes, que tenían ideales comunes y que se sentían comprometidas con el proyecto Institucional, alimentado por la espiritualidad y enseñanzas del Seráfico Padre, que orientados desde la Custodia, ayudaron a sembrar en el corazón de tantas almas generosas , las que sin escatimar esfuerzos , fortalecieron su trayectoria con el Ideario Franciscano, invitándolas a seguir las huellas del Pobrecillo de Asís, siempre vigente. Con generosidad y compromiso, desde la silenciosa pero fecunda labor diaria trataron de ayudar a crecer a varias generaciones.

En el correr de tantos años pasaron por la escuela varios franciscanos que, con su testimonio de vida, ayudaron a concretar los ideales propuestos, revitalizando día a día la difícil y ardua tarea de enseñar y formar. Se erige la figura del Padre Romualdo, quien logró transformar la precaria escuelita, en el majestuoso colegio de hoy, imprimiendo en el corazón de religiosos, docentes, alumnos y padres el lema:” Por Dios, por la Patria, por los Niños”

Si quisiéramos nombrar a tantos seres que fueron parte de esa comunidad educativa, podríamos ser ingratos, por olvidos involuntarios.

Con el trabajo en equipo de la gran familia del Tierra, se lograron formar los niveles inicial, primario y medio.

Se llegó a matricular cerca de 2000 alumnos, que en el correr de la vida, permitió formar a varias generaciones, teniendo así el orgullo y la satisfacción que pasaran por las aulas familias enteras (abuelos, hijos y nietos )

Desde la mitad del año calendario, se abría la Inscripción para todos los niveles, en el Inicial, semillero de la Institución, se anotaban hermanitos y familiares completando las vacantes rápidamente.

Al hacer áulico, se le sumaban diversas experiencias, tales como : kermés, campamentos, peñas, viajes de estudios ( Tandil, Córdoba, Rosario, etc.) , actos de fin de curso con la participación de todos los niveles en el cine Roca, festejos del día del estudiante, diversas actividades para festejar las Fiesta del santo patrono, competencias intercolegiales, ferias de ciencias, olimpíadas, retiros espirituales y encuentros en jornadas recreativas , que cerraban anualmente la actividad escolar.

Se sentía la escuela como familia, donde trabajaban hermanos, hijos, familiares. Mis hermanos, participaron y participa de la gestión.

Se realizaba la labor cotidiana, guiando a niños y jóvenes para ayudarlos a ser seres útiles, que aportaran a la sociedad, los valores que estrechan vínculos, tratando de educarlos en: la justicia, la paz y el amor, respondiendo así, a la comunidad, con un espíritu comprensivo , de amistad y respeto.

Al dar una mirada retrospectiva y a la luz del presente, volveríamos gustosos a transitar nuevamente el mismo camino. Vibra en nuestros corazones el mismo sentir. Es por eso, que con errores y algunos aciertos recorreríamos nuevamente tantas vivencias que nos llevaron a sentirnos parte de esa Institución.

En la mirada de tantos niños y jóvenes, que pasaron y pasan por la gran familia franciscana, descubrimos la chispa que nos da fuerza para no desmayar. Esos hombres y mujeres graban en nosotros un indescriptible sentimiento de gratitud, que fortalece, en el ocaso de los tiempos y lo transforma en el motor que mueve nuestros corazones y permite aflorar la añoranza de todo lo vivido y que nos deja ahora sentirnos más plenos.

En su 125 cumpleaños, siguiendo las enseñanzas de la Comunidad Franciscana, que continua en manos de la nueva gestión, siguen y mejoran la obra comenzada .contando dentro de ese equipo docente, a varios exalumnos que crecieron dentro de esos muros, cómplices de travesuras y convivencias, más otras almas generosas y comprometidas.

Son los encargados de plasmar el Ideario de la Institución en las generaciones del SIGLO XXI donde las virtudes de caridad, humildad, paciencia y paz siguen formando jóvenes cristianos u ciudadanos responsables, íntegros y comprometidos haciendo germinar la semilla sembrada, merced al trabajo incesante y eficaz del Padre Rafael Sube Jiménez que ha asumido la enorme responsabilidad de continuar la obra, donde el sello de PAZ Y BIEN, los distingue.

Por los inolvidables tiempos compartidos, de enseñanzas recíprocas , que la bendición de San Francisco nos acompañe por siempre ...

Decimos “El señor nos bendiga y nos guarde, nos muestre su rostro y nos conceda su PAZ. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.
AMEN”
DIANA TEDESCO





MI PASO POR EL INSTITUTO TIERRA SANTA.
Soy Beatriz Edreira de Lorenzo… o Beatriz Lorenzo…o Seño Betty… según rige en mis documentos, en las redes sociales o en la memoria de miles de alumnos, docentes y autoridades de este gran Instituto Tierra Santa, en el que transcurrieron muchos años de mi vida.

Ingresé en 1981, y la primera persona que me recibió fue la Srta. Luisa Castagnino, inteligente y cálida, la Directora del Nivel Primario. Ella, junto con el padre Romualdo Mancini ofm, me abrieron las puertas de un mundo que, con el tiempo, se convertiría en mi segundo hogar.

Comencé en sexto grado del turno tarde y poco a poca fui aprendiendo pequeñas-grandes reglas que me hicieron amar mi trabajo, mi vocación y mi escuela. Poco después comencé con suplencias en el turno mañana y pronto fui titular en los dos turnos, en séptimo grado, que en ese momento tenía dos aulas por la mañana de varones y dos aulas por la tarde de mujeres, de 40 alumnos cada una. Siempre seguí en séptimo grado…feliz!

¡Cuánto aprendí de ellos! Adolescentes, inseguros…pero capaces de descubrir que quien los respetaba, comprendía y exigía con cariño debía ser respetado… Se acercaron a mí y jamás me faltaron al respeto.

Fui testigo de la construcción del enorme gimnasio sobre la fría “canchita de cemento, los cambios de lugar de aulas de Jardín, de Primaria y Secundaria y los distintos modelos y colores de los uniformes. La desaparición de nuestra Capillita, que nos oyó llorar y rezar ante la pérdida de la Srta. Teresita y de nuestra querida Rosita (alumna de 7º D).

Pasé en mi querido “Tierra” muchos momentos felices y también de los otros. Logré una relación hermosa con mis alumnos,algunos hoy docentes en la escuela, otros padres de alumnos y muchos que siguen diciéndome “seño” en las redes sociales y recordando conmigo tantas experiencias.

Tuve compañeros que fueron excelentes docentes y personas… un ejemplo… el Señor Luis Anganuzzi, que me enseñó a controlar mis ansiedades y brindó a todos consejos y enseñanzas. Fui aprendiendo con mis alumnos la vida de san Francisco de Asís, y entendí que no se puede ser docente sin ubicar en cada proyecto o planificación, como eje transversal, los valores que nombramos en su oración… y vivirlos con los chicos.

En los momentos duros (primero la muerte de mis padres y luego la de mi esposo, tan inesperada) el tremendo dolor me cegó y no sabía cómo resurgir de ese pozo oscuro… Entonces aparecieron abrazando mi dolor, el Padre Romualdo, mis compañeros y… lo menos esperado, mis alumnos. Ellos, que eran traviesos, inseguros, inquietos, fueron mi soporte y se acercaron siempre, con una palabra o gestos de cariño al verme triste.

Después de varios cambios de autoridades, conocí a los padres fray Ricardo Bustos y fray Luis Ángel Anguita. Ellos se esforzaron y trabajaron a nuestro lado, para vivar cada vez más la figura de nuestro Patrono. Allí, largos días, hasta muy tarde, con la Sra. Ángela Caia, profesora y amiga, y alguna otra ayuda, adornamos pasillos, creamos arreglos florales para cada rincón, y ella, con sus hábiles manos de artista, pintó cuadros, murales y telas, que mostraban pasajes de la vida del Santo de Asís.

Recuerdo muy bien cuántas mañanas de sábado, varios docentes junto a los padres Ricardo y Luis, nos reuníamos con los alumnos de los séptimos, para que su preparación pre-Confirmación fuera más profunda. En alguna de esas ceremonias tuve el honor de conocer la humildad, sabiduría y dulzura de “nuestro” Jorge Mario Bergoglio. Además, las misas de Primera Comunión eran una fiesta para el corazón… ¡¡¡Inolvidables!!!

También comenzamos a vivir en ese entonces, la “Semana Franciscana”, con actividades fuera y dentro de la escuela, para que todos pudieran conocer mejor quién era san Francisco de Asís y dejar un mensaje con sus valores.

Los últimos años tuve la enorme responsabilidad de la dirección del nivel primario. Extrañé mucho el aula, el contacto directo y diario con cada alumno, con cada problema. Extrañé las oraciones dentro del aula con cada agradecimiento o pedido de auxilio, a veces secando lágrimas de ojitos que aún recuerdo…

Todavía yo necesitaba también auxilio por mis “ausentes queridos”, y allí apareció (como dice el Papa) “un pastor con olor a oveja”… el Padre Ricardo, que me escuchó, soportó mis quejas, me consoló, respetó mis lágrimas… me guió para no dejarme caer en mi camino, me aconsejó y rezó conmigo y por mí. Me ayudó a revivir con alegría.

Me esforcé al máximo para hacer mi mejor trabajo. Coordinamos actividades, uniendo los tres niveles. Muchos me ayudaron a solucionar dificultades… desde las autoridades de la DGEGP, pasando por autoridades del Instituto, secretaría, docentes y demás personal, que como el Sr. Ramón Salinas, el querido Esteban, que descansa en paz, y las incondicionales Hortensia y Lidia, llegaban en el momento justo y oportuno, con su granito de arena, para que nuestro esfuerzo diera sus frutos.

Cada día sentía un inmenso agradecimiento a Dios por permitirme trabajar en lo que siempre elegí y en el lugar que volvería a elegir. Es cierto que di mucho, pero también confieso que las semillas esparcidas con amor en los alumnos me permitieron multiplicar la cosecha.

Los últimos meses compartí mi trabajo con la Sra. Nora Forlenza, como Vicedirectora. Entonces, cada mañana, nos reuníamos y hacíamos intercambios que sumaban… nuevos métodos, renovación –más- experiencia y consejos. Finalmente me jubilé en el año 2007.

Tengo paz en mi corazón. Viví muchas horas en esas inolvidables aulas, en esos enormes patios, en la querida Iglesia. Anduve mucho por pasillos, escaleras, excursiones, exposiciones, convivencias, procesiones. Experimenté una gran satisfacción compartiendo la alegría de los actos de fin de curso, cuando tantos chicos egresaban convertidos en jóvenes dispuestos a comenzar a volar… y también… el dolor por los que ya no estaban, alumnos, docentes, o sus familiares.

Como en toda familia, se vivieron distintos estados de ánimo. El Tierra Santa fue mi segunda familia. Aún hoy, tanto el padre Rafael Sube Jiménez y la Dra. Sara Fauze, como las distintas autoridades, me reciben con cordialidad y me hacen sentir que el Instituto Tierra Santa sigue siendo ese segundo hogar que tanto amo.

Gracias a todos y gracias a Dios, por tanto.
Paz y Bien!

Beatriz Edreira de Lorenzo
Ex Directora Nivel Primario





MI TESTIMONIO
Soy Ángela Caia (apodada Dra. Caia), profesora de plástica en los niveles primario y secundario.

Ingresé en el año 1984 en mi querido Instituto Tierra Santa y a partir de allí, recorriendo todos sus espacios: aulas, patios y la imponente Iglesia, comencé a sentir el amor que todavía hoy siento por quienes día a día me fueron introduciendo en el mundo franciscano.

Fueron centro de vida en las aulas, los valores franciscanos que traté de plasmar, a través de mi materia, en los alumnos y sus familias.

Dejamos impresos distintos momentos y lugares de la vida del Santo de Asís en murales, cuadros, escenografías para actos, pesebres, semanas franciscanas, Via Crucis, etcétera.

Traté de inculcar en los chicos el amor por la tarea a realizarse, la belleza del color, la luz, admirar la naturaleza como lo hizo san Francisco y poder plasmarla.

Debo agradecer todo esto a quién me abrió las puertas del Instituto: el Padre Romualdo Mancini ofm. Con el tiempo estuvieron a nuestro lado los padres Luis Ángel Anguita y Ricardo Bustos quienes descubrieron que podía dar mucho más y así lograron mi desarrollo y progreso personal.

Es para mí una satisfacción haber estado en el Instituto que fue mi segunda casa, me contuvieron en momentos difíciles y compartieron los alegres.

Éramos un grupo de directivos y docentes que de la mano, trabajamos juntos y así aprendimos que solamente con esfuerzo, solidaridad y organización es posible superar nuestras dificultades y alimentar sueños.

Me jubilé en el año 2010. Aún hoy, el padre Rafael Sube Jiménez, el padre Luis Ángel Anguita y la Dra. Sara Fauze, me integran en proyectos: comparto actos mediante la realización de pinturas escenográficas… y puedo sentir que todavía mi querida escuela me sigue integrando como entonces.

Gracias por invitarme a compartir mi paso por el Instituto.

Dios quiera que, como dijo san Francisco, seamos testimonio de la Paz.

Paz y Bien!
Ángela Caia
Ex Profesora Nivel Primario y Secundario





PENSAR Y REFLEXIONAR
Pensar y reflexionar sobre mi paso por el Instituto Tierra Santa, no ha sido una tarea fácil; millones de recuerdos, anécdotas vienen a mi mente. A lo largo de estas líneas describiré brevemente mi proceso como persona, docente y fundamentalmente lo que para mí significó pertenecer al Instituto.

Para hablar de mí y desde mí, es necesario partir de mi trayectoria y mi experiencia; a partir de ella se puede entender mi proceso vivido a lo largo de estos 36 años.

Desde muy pequeña soñé y desee ser “Maestra Jardinera”, sentía una vocación hacia lo educativo, una vocación entendida como un placer por hacer, por enseñar, aprender, compartir. Estaba segura que era aquello lo que yo quería hacer. Sentía la necesidad de poner en práctica todo lo que me había aportado la teoría.

Corría el año 1979 y mi madre asistía regularmente a las misas que se celebraban el en el Hospital Municipal por el Padre Eusebio Gutiérrez quien le comenta que tenían un colegio y estaban buscando maestras jardineras.

Acordamos una entrevista con el Representante Legal del Instituto Tierra Santa, Fray Romualdo Mancini, y así se produce mi primer acercamiento al colegio, ofreciéndome mi primer trabajo y contacto con los niños, Sala Verde de 4 años. No lo pensé….acepté sin saber que sería mi segunda casa.


El jardín contaba con ocho salas de 4 y 5 años, 4 en cada turno y estaban ubicadas donde actualmente está funcionando Las docentes éramos casi todas recién recibidas y teníamos en nuestras mentes el jardín ideal en cuanto a mobiliario y número de niños. Grande fue nuestra sorpresa cuando con cajones de manzanas fuimos armando los sectores de juego, y los grupos distaban mucho del número ideal. Teníamos entre 30 y 35 niños, pero la alegría y el entusiasmo de hacer lo que uno quiere hacían que no nos detengamos ante este gran desafío que se nos presentaba.

No contábamos con profesores especiales, por lo tanto no sólo desempeñábamos el rol de maestra de sala sino también de profesora de música, educación física y catequesis. Paulatinamente, al crecer el jardín se fueron incorporando los profesores especiales en cada área.

La preparación de los actos escolares y fiestas dependía del grupo humano que se había formado, de mucho compañerismo y unidad entre las docentes, y entre nosotras buscábamos la música, los bailes y disfrutábamos de cada situación que se nos presentaba.

Recuerdo especialmente las exhibiciones de educación física, que se llevaban a cabo cerca de fin de año, trabajamos con elementos, preparábamos grandes circuitos y sobre todo había mucho ensayo para que la entrada y salida fuera perfecta. En una oportunidad sentí un orgullo enorme, cuando el trabajo de mis nenes de 4 años fue elegido para presentarse en la fiesta de educación física que realizaba el nivel primario.

Cada año que iba pasando me sentía más satisfecha con los logros que paso a paso iba logrando con cada uno de los grupos que tenia a cargo. Me lo han demostrado de todas las maneras posibles, con gestos, cartas, tarjetas, dibujos, palabras, que aún resuenan en mi cabeza…Tanto por parte de los niños como de cada una de las familias .Todos estos hermosos e inolvidables recuerdos que fueron hechos con el corazón los tengo guardados como mis grandes tesoros…

Cómo olvidar el rencuentro que he tenido con mis ex alumnitos, ya hombres y mujeres y sólo estrecharnos en un gran abrazo como cuando eran chicos y mayor alegría al tener, a veces, a sus hijos a cargo.

Son tantos los recuerdos, anécdotas, momentos de mucha alegría, algunos no tanto, que sería imposible explicar todo lo vivido durante tantos años en mi segundo hogar, el Instituto Tierra Santa.

Viví días inolvidables, otros bastante complejos, pero siempre tratando de dar lo mejor de mí, como persona y docente.







Continúe incansablemente mi formación, mi aprendizaje y mi especialización, licenciándome como Psicopedagoga, aportando mis conocimientos en situaciones que lo requirieran.


A pesar de los años transcurridos en el establecimiento había algo que desconocía, y era lo que realmente significaba pertenecer al Instituto Tierra Santa.

Fue en el año 2009 cuando conozco al Padre Rafael Sube Jiménez, era diferente al resto…se lo ve en el jardín, conversa, se preocupa por nuestras necesidades, nos conoce por nuestros nombres y de a poco, su presencia y sus conocimientos iban mostrándome algo, que a pesar de tantos años en el Instituto nadie lo había realizado. Entendí y sentí lo que implicaba llevar todos los días la cruz, su importancia, su significado. Aprendí y conocí la Ciudad Santa, a través de sus relatos y experiencias.

Gracias a él, a lo largo de estos últimos años pude apreciar un cambio en mi saber y saber hacer. Vi como poco a poco mi voz iba siendo escuchada, mis conocimientos eran iguales de valiosos que los que otras personas pudieran aportar, mi palabra era valorada. El cambio iba hacia una madurez académica, profesional y personal, todo ello me aportaba confianza en mí misma y la necesidad de seguir aprendiendo y entretejiendo mi propio camino.

Y ahora que ha finalizado mi carrera como docente, solo me queda agradecer al Instituto Tierra Santa y a su Representante Legal, Fray Rafael Sube Jiménez por permitirme y darme la posibilidad de haber aprendido tanto, de haber conocido otra mirada sobre una misma realidad y que a partir de su presencia le ha otorgado sentido y significado a las cosas, las ha valorado y respetado.

A lo largo de estas líneas he intentado explicar mi trayectoria personal y profesional, plasmando en una hoja mi experiencia, mis aprendizajes, mis cambios, mi relación con el presente y el pasado…

MARIA MARTA MANCUSO
Ex Vice Directora del Nivel Inicial





125 AÑOS DE HISTORIA
Pensar en la historia del colegio Tierra Santa al cumplir 125 años, inevitablemente nos lleva a mirar hacia atrás, pensar en los orígenes, sueños, logros, momentos difíciles, personas que transitaron esta casa junto a nosotros y me hace pensar en mi propia historia; porque aquí comencé mi trayectoria escolar. Yo crecía y también lo hacía el colegio, de la mano del Padre Romualdo Mancini, incansable hacedor y alma mater.

Fui testigo presencial de muchos hechos y transformaciones. Recuerdo bien las antiguas aulas, la canchita con piso de cemento donde jugábamos, hacíamos deporte y disfrutábamos de la fiesta del día del estudiante. El alumnado se incrementaba y así se inaugura la salida de la calle Billinghurst, el nuevo edificio con su entrada por Sánchez de Bustamante, el jardín de infantes modelo, la canchita se convierte en gimnasio y finalmente, se construye el edificio de la esquina de Bustamante y Bartolomé Mitre, que contaba con aulas para informática, biblioteca y un auditorio. El colegio crecía en el barrio de Almagro, convirtiéndose en un moderno centro educativo que impartía enseñanza en los tres niveles (jardín, primaria y secundaria) y dos turnos (mañana/tarde). En ese tiempo el colegio no era mixto como hoy, por la mañana concurrían varones y por la tarde mujeres.

En 1999 el Padre Romualdo parte hacia Italia y en el 2000 se hace cargo de la gestión el padre Cosme Polizzio como Representante Legal. El colegio se hace mixto, se reforma el jardín, se incorpora tecnología para el secundario y se instalan aires acondicionados en las aulas. Se promueve la formación del grupo de ex alumnos. La colaboración durante esta gestión del padre Luis Ángel Anguita, como prefecto de disciplina, le imprimió al secundario identidad y pertenencia, con proyectos como la Semana Franciscana, la feria de ciencias y otras actividades como los inolvidables bingos familiares donde toda la comunidad educativa se involucraba en un evento convocante y participativo.

En lo que hace a la vocación docente, diría que, el colegio tuvo mucho que ver, por la admiración y el amor que por esta bendita profesión despertaron en mi, mis maestras de 2do y 7mo grado, y también hubo profesores que influyeron en mí, y merecieron mi respeto. De ellos me gustaría destacar la pasión y el compromiso que ponían en la tarea que desarrollaban más allá de su desempeño profesional.

Cuando comencé mis primeros pasos en el ejercicio de la docencia, allá por la década del 80, el colegio confió en mí y me dio la posibilidad de trabajar en libertad, crecer como profesional y como persona, en un ambiente cálido. También me permitió reforzar y crear nuevos vínculos. Tuve el honor de compartir este camino con personas valiosas, no daré nombres para no ser injusta olvidándome de alguno y me refiero no sólo a colegas sino auxiliares docentes y directivos. Quiero hacer memoria para re significar y agradecer por igual a quienes nos enseñaron y de quienes aprendimos mucho de lo que somos, a aquellas personas que nos sostuvieron, nos abrazaron y alentaron, a lo largo de tantos años.

Los nuevos tiempos traen aparejados cambios, nuevas demandas y nuevas respuestas. En 2008 llega el Padre Rafael Sube Jiménez, quien se encuentra con una realidad y un contexto económico que lo obligan a tomar decisiones importantes para la vida de la institución. Llevó adelante las obras de remodelación en nivel inicial, impulsó a la primaria en varios proyectos como el Ateneo y la escuela de futbol, propició la jornada extendida para Nivel inicial y primaria, construyó el escenario del patio de actos, remodeló instalaciones del colegio, renovó los equipos de la sala de informática y de video. Efectuó un nuevo cambio en los uniformes escolares, adoptando los colores azul y rojo. Fortaleció la identidad institucional dando un nuevo giro a la semana franciscana como proyecto institucional, incorporó la noche de talentos, que da muestra del espíritu festivo típico franciscano, donde los adolescentes se encuentran y disfrutan revelándonos sus habilidades artísticas. Acortó las distancias con la Tierra Santa, promoviendo que todos pudiéramos conocer la misión de la Custodia de Tierra Santa, la obra de los frailes en los Santos Lugares y lo que implica pertenecer a ella.

Celebrar este tipo de acontecimientos, además de festejar, nos hace detenernos, mirar a nuestro alrededor, nuestra vida, reflexionar sobre lo caminado y pensar que somos parte de algo mayor que da frutos entre nosotros, nuestros alumnos, a quienes a través de estos años hemos formado, acompañado con respeto y alentado en sus sueños y proyectos, haciendo de ellos hombres y mujeres de bien, libres y autónomos.

Nuestra historia continúa construyéndose cada día, producto de la labor de todos aquellos que formaron y formamos parte de esta comunidad educativa, que en una obra de testimonio, amor y trabajo proyectan la figura de San Francisco, cada uno con su sello singular y personal.

De la mano del padre Rafael y su equipo, vendrán nuevos sueños y proyectos que nos invitarán a ponernos en acción, el futuro ya se está gestando, otras historias surgirán como brotes nuevos que reverdecerán la obra.

La labor pastoral y formativa del instituto Tierra Santa, seguirá creciendo por muchos años más, bajo el lema de paz y bien.

Prof. MYRIAM ZAMORA






EL INSTITUTO TIERRA SANTA EN ALMAGRO
Los lazos que me unen al Instituto Tierra Santa comenzaron a tejerse a partir de agosto del año 2002. Fue en ese tiempo cuando ingresé a una Institución en la cual se respiraba una sólida historia. En su cuerpo docente conocí personas muy comprometidas con los valores franciscanos que iluminan a la comunidad educativa, entre las cuales había muchos ex alumnos del colegio. El cariño que le tenían a la escuela se manifestaba no solo con palabras, sino también en su quehacer cotidiano que, indudablemente, se sostenía a lo largo del tiempo en una tradición de valores en pos de un proyecto, donde se veía la presencia fraternal de los padres franciscanos.

Hubo momentos difíciles que vinieron de la mano de las transformaciones que afectaron a toda la sociedad Argentina. En ese contexto se necesitaba la guía de un liderazgo claro que tomara las decisiones fundamentales a fin de afirmar nuestra identidad católica y franciscana. En 2008 llegó el Padre Rafael Sube Jiménez quien asumió la responsabilidad de tomar una serie de medidas imprescindibles para la continuidad y el crecimiento del Instituto. En este desafío fue acompañado por la Dra. Sara Fauze. Durante su gestión se ha procurado el saneamiento económico y financiero, los trabajos de mantenimiento y remodelación del edificio, la instauración de nuevas modalidades de trabajo en todos los niveles, la recuperación de la presencia del fraile en el colegio y la renovación de tradiciones institucionales importantes como la Semana Franciscana, entre otros objetivos.

Hacia el año 2011 fui convocado a peregrinar a Tierra Santa, fue así que pude tener plena conciencia de la dimensión de la tarea que nuestros Padres Franciscanos hacen, desde hace ocho siglos, custodiando los lugares más sagrados para todos los cristianos y, además, sosteniendo a las comunidades cristianas de la zona, minoría que vive con grandes dificultades en medio del conflicto árabe-israelí. Me informé sobre la importantísima labor educativa que los padres hacen en la región y que nos hermana con todas aquellas instituciones educativas franciscanas, abiertas a todos, y donde pueden convivir musulmanes, israelíes, cristianos haciendo posible el legado de Paz y Bien que nos dejó nuestro Santo Patrono.

Los Franciscanos de la Custodia de Tierra Santa son una comunidad con un objetivo trascendente no sólo en lo espiritual sino también con un fin práctico y concreto, que tiene su aspecto material: cuidar los lugares sagrados de nuestra fe y a las comunidades cristianas que viven allí. Tenemos que ser conscientes y estar orgullosos de formar parte de esta comunidad. El padre Rafael Sube Jiménez nos hizo comprender la importancia de esta misión.

Esta identidad nos permite fortalecernos aquí, en Buenos Aires, en Almagro, y trabajar con la diversidad propia de nuestro barrio.

Los 125 años nos hace celebrar el camino recorrido con todos sus logros, pero además es un momento para reflexionar sobre cómo seguir trabajando en los nuevos proyectos que nos permitirán dar testimonio de los valores cristianos desde el prisma de la vida de San Francisco. Este es el legado que recibimos y que trasmitiremos a quienes continúen esta obra llamada Instituto Tierra Santa, siempre bajo la guía de los Padres Franciscanos de la Custodia de Tierra Santa.-
Dr.Gerardo David Curiá
Director de Estudios Nivel Medio





DEL SIGLO XIX AL SIGLO XXI
125 años en una organización de cualquier índole que sea, es un tiempo y un hecho importante. Solo el permanecer y perdurar en ese tiempo, el ser conocida y reconocida por la Comunidad es muestra de ello.

Como Rector del Instituto Tierra Santa, y habiendo compartido tan solo un pequeño lapso de esa historia, me siento comprometido con los valores franciscanos del colegio.

El desafío actual no está solo en la transferencia del conocimiento. Nos toca hoy recuperar valores y modelos donde el saber estaba relacionado con el esfuerzo; el esfuerzo del trabajo, el trabajo solidario. Reflotar que el aprender conlleva a que cada persona emprenda un esfuerzo individual destinado a mejorarse, teniendo como guía de este proceso a nosotros los docentes, para alcanzar el bien propio y el bien común.

Esta sociedad nos exige, nos pide, nos reclama compromisos que no son propios de la educación tradicional y académica.

Apoyándonos en el ideario del Instituto con el trabajo de los Padres Franciscanos Custodios de la Tierra Santa, el desafío a alcanzar vuelve a ser el mismo que planteara en el siglo XIII san Francisco de Asís en sus peregrinaciones.“El ser peregrino significaba enfrentar el peligro, la precariedad y la incertidumbre del viaje”.

Hoy el trabajo docente nos pone frente a niños y jóvenes con un escenario donde abunda la violencia, la inseguridad, la droga, la prostitución infantil, la falta de oportunidades, donde el ser “docente franciscano”, es ser un peregrino obligándonos a dar testimonio, a dar y compartir conocimiento, a dar y recibir amor de hermano.

Las nuevas incertidumbres, pero tal vez con los mismos temores, tratando de avanzar más allá de ellos, nos harán descubrir que hemos comenzado una nueva peregrinación hacia la plenitud y entonces esta escuela habrá cumplido una vez más su misión, viendo en San Francisco a ese hermano pobre y de corazón sencillo, que se convertirá en el compañero de nuestro peregrinar por la vida.
Con Paz y Bien
Arq. Reinaldo César Corbacho
Rector del Nivel Medio





“MAS DE CIEN PALABRAS, MAS DE CIEN MOTIVOS”
Mi primer recuerdo en el Instituto Tierra Santa se remonta a mi madre. Ella fue quien se propuso a sí misma que yo ingresara a este establecimiento. Pasábamos todos los días por la puerta del colegio al cruzar el puente para ir a un Jardín de Infantes público. Ella soñaba con que yo estudiara aquí, porque a pesar de no ser una escuela onerosa, no era accesible para el presupuesto de mi familia.

Pero al año siguiente logró lo que se propuso. Presentada la inquietud a mi padre, ahorraron y quedé en lista de espera para matricularme.

Era un colegio muy buscado. Ofrecía formación integral, católica – franciscana con enseñanza de calidad y en permanente crecimiento, al compás de las necesidades del barrio.

El Padre Romualdo Mancini, Representante Legal del Instituto supo disponer los recursos necesarios para construir y ampliar las instalaciones hacia la calle Sánchez de Bustamante, creando aulas, patio techado, oficinas e inaugurando un nuevo espacio para Nivel Inicial. Nuestro colegio crecía y crecía.

Transité mi escolaridad primaria y secundaria con directivos fuertes, responsables y comprometidos. Mi vocación docente que se despertó muy tempranamente, también nació aquí al reflejo de mis maestras y profesoras: Viviana Scarcella, Ana Rodríguez Criado, Adela Planes…

Mis primeras y mejores amigas son producto de los vínculos que nacieron en estas aulas, en la vieja canchita, en los patios de recreo y son las mismas que aún conservo junto a nuevos afectos que recogí durante mi recorrido docente.

Asimismo mi formación cristiana también se intensificó aquí. Recibí la Primera Comunión, me confirmé y años más tarde logré que autorizaran mi casamiento en Nuestra Señora de la Merced de Sión en una Ceremonia oficiada por Fray Ricardo Bustos y con un templo repleto de alumnos. Sin lugar a dudas, uno de los momentos más importantes de mi vida.

Siempre quise ser maestra pero más fuerte fue mi amor por el colegio por eso me quedé y cursé Perito Mercantil, sólo por no irme de estas aulas, y aunque suene a lugar común, fue mi segunda casa. Los que me conocen bien lo saben.

Egresé y con sólo unas vacaciones de por medio volví a iniciar un nuevo ciclo lectivo, pero esta vez completamente diferente. Me esperaba mi primer trabajo como maestra de inglés. Recibí millones de recomendaciones y consejos de la Directora Srta. Diana Tedesco. Para ella debía ser más comprometida que nadie. Era una ex alumna y cargaba con todo ese peso. El ejemplo lo debíamos dar nosotros como siempre lo dio ella, con su entrega y compromiso absoluto.

Aprendí mucho de los directivos que me guiaron, fundamentalmente de Beatriz Lorenzo quien solía esperarme a las siete de la mañana con mate para enseñarme generosamente cómo serían mis primeros pasos como vice directora. Verla siempre activa y generando proyectos no podía más que contagiarme. Mis ideas, mis ganas y lo que había estudiado, podían hacerse realidad porque ella me apoyaba.

Mi segundo referente en la tarea directiva, Nieves O. de Milano supo darme la seguridad de su experiencia y la tranquilidad de que iba por el camino correcto; ese camino que había iniciado con Betty. Porque dudé. La llegada de Fray Luis A. Anguita en su gestión de servicio con el Padre Ricardo Bustos trajo aparejada la necesidad de iniciar una etapa de cambios significativos. La importancia de que el colegio se mirara a sí mismo y reflexionara sobre su misión implicó una renovación ineludible.

Los cambios nunca son fáciles y menos cuando implican salir del estado de confort. Muchos pudimos repensar nuestras prácticas y buscar respuestas a los nuevos desafíos. Lo que en un momento viví con incertidumbre, hoy puedo decir que me hizo ganar confianza. Me llevó a seguir estudiando, a no paralizarme, a sentir que si quería darle algo más al colegio que tanto me había brindado, tenía que ponerme a la altura de los tiempos que se avecinaban. La transformación era inminente.

Ni los laicos ni los frailes que continuaron pudimos hacer la lectura correcta de la experiencia vivida ni capitalizar los beneficios alcanzados y, quién sabe porqué, dejamos de ver hábitos marrones por el colegio. Un nuevo estado de comodidad agravado por una cierta desidia se instaló entre nosotros al punto de desconocer que el instituto atravesaba una fuerte crisis económica; el florecimiento que nos amparó durante décadas había desaparecido y nuestro prestigio como centro educativo católico-franciscano puesto en duda. ¿Cómo podía pasarnos esto si dejábamos el corazón en las aulas? Veinte años como profesora en el Nivel Medio avalan lo que escribo.


Tuvimos que atravesar esta etapa con mucha angustia. No puedo negar haber llorado de impotencia, rabia y dolor. Había que sanear el colegio y salir nuevamente adelante. Fui testigo de la decadencia de nuestra escuela cuando en un Congreso de Educadores Franciscanos realizado en el extranjero, dos frailes comentaban que estábamos al borde de la quiebra. Ciega y estupefacta por la noticia volví a mi trabajo de otra manera. Era otra realidad. Hasta ese momento no creía en nada de lo que me decían.


La llegada de Fray Rafael Sube Jiménez cuyo rol no tenía muy en claro ya que, aun estando en este colegio cuarenta años no sabía que el Guardián del Convento era superior del Representante Legal ,me produjo una grata sorpresa al verlo recorrer diariamente los pasillos. Los chicos se alborotaban y de a poco se empezó a notar que se avecinaba un nuevo cambio.

Sinceramente descreí de los beneficios, pero los niños nunca se equivocan, y si se acercaban a él era por algo. Simplemente había que esperar conocerlo, trabajar, trabajar y trabajar. Fortalecí mi equipo lo más que pude y me nutrí absorbiendo la energía de mis compañeras. Empezamos a replantearnos el proyecto porque el reto era muy grande.

Junto con la gestión nueva y sus cambios conocimos una nueva faceta de la persona de San Francisco de Asís en su amor por los Santos Lugares. Se abrió la posibilidad de volver a nuestros orígenes a través del contagio que nos trasmitió el Padre Rafael motivado por su experiencia de vida en Jerusalén; fuertemente incentivados mi esposo y yo, junto a un grupo de docentes y directivos nos embarcamos hacia la tierra más santa del mundo. Doce días que no tenía planificados hasta entonces me ubicaron en un espacio que desconocía y empecé a recrear mi propia historia y la del Instituto Tierra Santa; su vinculación y su exclusividad como colegio de la Custodia en Argentina.


Esta segunda etapa de transformación implicaba cambiar la modalidad de dos turnos simples por Jornada Completa. Los Niveles Inicial y Primario no sobrevivirían si no transformábamos el Proyecto Educativo. La única que apostaba a este cambio sin vacilación era la Dra. Sara Fauze, Apoderada Legal del Instituto. Reconozco que aunque sabía que era necesario y de urgente realización, me angustiaba la premura con la que había que darle forma. Muy preocupada ante semejante desafío nos reunimos con Fray Rafael y los padres de ambos niveles a presentar la propuesta. Fue el momento más difícil de mi gestión. Ya había sido nombrada Directora y junto a mi equipo encabezado por Vanesa Milano y Andrea Gómez enfrentamos una a una las siete reuniones. Y pudimos. Armamos el proyecto cuidando cada detalle, buscando enriquecer el servicio educativo, pastoral y pedagógico. Los docentes se cargaron al hombro el cambio y juntos, autoridades, profesores, alumnos y familias establecimos acuerdos para construir un colegio más moderno y en movimiento. Sin movimiento no hay posibilidades de crecer en este mundo; en este Siglo XXI que tanto demanda.

Hoy tenemos un colegio moderno, bien equipado, con educadores cada vez más comprometidos, con familias que nos apoyan y fundamentalmente con alumnos felices.

¿Qué más podría pedirle mi madre al Padre Rafael como cuando fue a increparlo porque su hija sufría por el colegio allá por el 2008? Murió sabiendo que ésta era mi segunda casa; que mi segunda casa crecía porque religiosos y laicos estábamos poniendo todo, porque lo que se decía en el barrio de Almagro de nuestro colegio era bueno otra vez; porque estaba orgullosa de que yo hubiera pasado toda una vida aquí y ese orgullo lo compartía con mi padre que hoy tomó su lugar acompañando mi crecimiento profesional y personal.


Para finalizar quiero agradecer a todos los que me enseñaron como alumna, a los que me formaron como docente, a los que me pusieron obstáculos porque me hicieron crecer y mostrarme quiénes eran los verdaderos afectos y al Padre Rafael porque confió en mí y en lo que puedo brindar; a las familias que sé que me acompañan porque creen en nosotros y a los chicos porque a través de ellos podemos desarrollar nuestra vocación y formar parte de sus vidas para siempre.

Con nuevo uniforme, con casual day y una mochila llena de proyectos… Como dijo el Papa Francisco, recen…pero en este caso, por nosotros. Le agradezco a Dios estar aquí y levanto una copa simbólica para celebrar estos 125 años educando en la fe, y sembrando valores con Paz y Bien.
Lic. Nora Forlenza
Directora del Nivel Primario





CADA PASO QUE DOY EN ESTA CASA ME REMITE A MI INFANCIA...
Mi historia personal es atravesada por mi tránsito en el Instituto, que podría resumir en tres etapas. Como alumna, como docente y como personal de conducción.

En la década del 70 ingresé a jardín de infantes a los tres años, jugando en las mismas aulas que hoy ocupan los niños del nivel inicial. Patios descubiertos…canchita…patio de actos, con una tarimita de madera que nos hacía sentir que era “un día especial”. El jardín no era Independiente, por lo cual la figura de la directora fue un referente para el tránsito al nivel primario.

Algunos maestros han dejado huellas imborrables en mi corazón. Contenedores, amorosos, rectos. Las familias confiaban a sus hijos plenamente y el respeto a los maestros se manifestaba en los constantes acuerdos. Los varones asistían por la mañana y las niñas por la tarde, en jornada simple. La transición al mediodía y las infaltables misas del domingo provocaban deseados encuentros.

Descubrí a San Francisco como patrono del Colegio, y la imagen grabada en mí estaba relacionada con su amor a los pobres y a la naturaleza.

En esa época llevaba adelante el Instituto, como Rector el Padre Romualdo a quien veíamos recorrer las instalaciones, alternando gestos de cariños con algunos regaños a aquellos más traviesos.

Desde niña supe que mi vocación estaba relacionada a la educación y el secundario era Comercial, por lo que no transité esta etapa en esta casa.

Así fue que luego de obtener mi título decidí volver al querido colegio Tierra Santa, del cual guardaba mis mejores recuerdos desde que lo dejé a los 12 años. Al ingresar sentí que el patio ya no era tan grande…lógica percepción por haber pasado tantos años.

Pregunté por el Padre Romualdo y me recibió con agrado presentándome a la Directora del Jardín. Para ese entonces ya independiente y funcionando en un edificio construido para tal fin. El mismo fue edificado con la contribución de un benefactor, así como muchas otras reformas que fui descubriendo en mi paso ahora sí, como docente del Instituto.

Me reencontré con aquellas queridas maestras de la infancia que aún seguían en las aulas, ahora colegas, las cuales siguieron prodigando su cariño y respeto.

Ya como docente la visión y la misión fue otra. El nivel que se había conformado independiente hacía pocos años contaba con un plantel en su mayoría de jóvenes maestras, guiadas por Ana María, directora del jardín que bregaba por su calidad educativa y crecimiento permanente. No se llevaban a cabo actividades que reuniera a todo el personal del Instituto sino que el trabajo era más intenso en el nivel.

La continuidad del rector, directivos y algunos docentes daban la imagen de conformar una gran familia, con una aparente estabilidad donde las decisiones pasaban por aquellos que “tenían en sus manos” la trama que sostenía esta gran Institución. Como docente desconocía muchas cuestiones institucionales que luego más adelante pude ver, ya en otro rol.

Llegó un día en que el timón pasó a otras manos, se sucedieron otras gestiones y la incertidumbre llegó al personal, el cambio de autoridades y docentes, por prescindir de ellas o acogerse al beneficio de la jubilación trajo aires de cambio. Tuvimos que adecuarnos después de muchos años a nuevas exigencias y modalidades .Los temores e incertidumbres se fueron sosegando con el paso del tiempo y logramos pasar de la desconfianza a la construcción de nuevos vínculos y a la apuesta al cambio.

Ya como personal de conducción desde el año 2008 sentí que se corrió un velo y pude percibir que a veces la estabilidad no siempre tiene bases firmes.

El afán por crecer en cantidad de alumnos había llevado al colegio a un colapso económico. El albergar sin condiciones a la población, el no mantener adecuadamente las instalaciones, llevó al Colegio a un deterioro difícil de remontar. Como docente, encapsulada en el aula, nunca pude ver esta situación.

Desde el año 2009 comenzaron los grandes cambios, la reestructuración, la restauración, cambio de imagen, búsqueda de excelencia.

Fueron varios años de arduo trabajo y toma de decisiones tan trascendentes como difíciles y cuestionadas. Como la transformación de dos de los tres niveles a jornada completa.

La propuesta de la actual gestión llevada a cabo por Fray Rafael y la Dra. Sara, invita permanentemente a la unión entre niveles y a llevar un trabajo en conjunto entre los directivos. Promueven encuentros y celebraciones en donde todo el personal del Instituto puede interactuar. El apoyo para llevar a cabo el perfeccionamiento y capacitación de sus miembros, es entre otros, parte de esta transformación.

La búsqueda de la identidad y pertenencia como miembros de la comunidad educativa es uno de los postulados de este cambio. Conocer el verdadero origen del Instituto Tierra Santa, la dimensión de la Comunidad de los Padres Colectores de Tierra Santa, su misión y obra, fue algo que con la presente gestión pude descubrir y que formamos parte de un conjunto de 15 colegios de propiedad de la Custodia. Igualmente, saber que la misión de los frailes hacer conocer los Lugares Santos y que para ello se organizan de viajes sumando peregrinos.

Más allá de las dificultades y cambios, siempre estaré agradecida a todos aquellos que acompañaron mi infancia como alumna y me dieron la oportunidad mas adelante de crecer profesionalmente.

Sigo aprendiendo mucho en este querido colegio…así como a los tres añitos, me sigo sorprendiendo día a día.

Prof. Sandra Lanfranchi
Directora Nivel Inicial





SOMOS INSTANTES
En Jerusalén. En la ciudad tres veces santa comienza mi historia .En esa ciudad, que es la más importante del mundo, es donde conocí al Padre Rafael Sube Jiménez. Dios eligió, desde toda la eternidad, ese lugar para que sea el escenario donde conocería a quien me traería a trabajar al Colegio. No sería mi Tucumán natal ni la porteña Buenos Aires ni la lejana Guadalajara. Ni ninguna otra del mundo entero. Sería nada más y nada menos que Jerusalén.

De verdad, esa ciudad divide la historia personal de la gente en antes de Jerusalén (a.J.) y después de Jerusalén (d. J.) como el nacimiento de Cristo divide la historia universal en antes y después de Él. (a. C y d. C).

Y Jerusalén, dividió la mía...A esa ciudad llegué como turista y salí como peregrina.

El desafío de contar en pocas líneas y en tiempo presente mi historia , y realizar una mirada crítica y personal sobre mi experiencia me lleva a decir que la trama comienza en realidad cuando su enfermedad obliga a una amiga tucumana a venir a Buenos Aires a realizar un largo tratamiento médico, y aburrida, un caluroso domingo de febrero del año 2008 visitó el Parque Tierra Santa de la Costanera y quedó tan entusiasmada que a un joven disfrazado de fraile le preguntó cómo podía llegar a la Tierra Santa de verdad.

El disfrazado le consiguió el teléfono del convento, se informó con el Padre Rafael y apenas regresó a Tucumán ya tenía organizado con otra amiga su viaje para septiembre.-

Al poco tiempo, una fría mañana de mayo desperté con parte de mi casa inundada por la rotura de un caño del departamento de arriba. Mi vecina se negó a pagar los daños por lo que tenía que recurrir a una escribana para que hiciera la constatación, y es ella, una de las viajeras, la que me invita a Tierra Santa.

La verdad es que no sabía ni donde quedaba y mucho menos, que era custodiada por los franciscanos. En cierto modo esos dos desconocimientos eran extraños. No saber donde quedaba era raro porque para entonces había viajado mucho y por ello sabía bastante de geografía. También era increíble que no supiera que eran los frailes los custodios de los Santos Lugares porque había militado durante años en la Acción Católica, había egresado de un colegio religioso y mi familia era cristiana practicante.

En fin, el caso es que acepté viajar en realidad porque después mis amigas seguirían viaje conmigo a Francia y España, donde en noviembre de ese año fijaría mi residencia donde vivía el hombre, quien por esa fecha era mi pareja.

En septiembre partimos a Tierra Santa. Yo, con el corazón partido porque días antes había terminado mi relación amorosa con el español .Sin amor y con proyectos destrozados comencé mi peregrinación, y de algún modo tenía el deseo inconsciente de encontrar algo o alguien donde salvaguardarme de esa sensación de desamparo que implicaba el final de un amor.

Durante la cena del primer día el Padre Rafael se enteró que era abogada y preguntó si era honesta. Con mis ojos hinchados de tantos días de llanto le contesté que sí y comenzó a contarme de una docente mentirosa y de los problemas que había en el colegio. Me miró y de manera clara y directa, me pidió que dejara Tucumán y que viniera a Buenos Aires a trabajar. Me sorprendió su pedido y la seguridad con que sostenía que debía aceptar. Confieso que su propuesta me pareció el delirio de un fraile desesperado.

Le expliqué, por su condición de mexicano, que vivía a 1320 kms de distancia y a esa altura de mi profesión veía imposible poder hacerlo, que seguramente habría algún abogado honesto en Buenos Aires que podría ayudarlo, mas insistió en que yo era la persona.

Pensaba que el Padre Rafael desconocía no sólo la geografía argentina sino también el modo en que vivimos nuestra vida los que no somos frailes…no estamos acostumbrados a los cambios rotundos ni a traslados de residencia aunque en mí ya estaba la idea de dejar Tucumán para vivir en España.

Curiosamente de ese viaje regresé un 4 de octubre, día de san Francisco y aniversario de la muerte de mi padre, lo que entiendo también como todo un mensaje. Cuando entré al convento sentí, desde el primer instante, que formaría parte de mi vida. Era extraño, era ajeno, desconocido hasta entonces pero familiar.

Un sentimiento insondable pero real se instaló en mí desde ese 4 de octubre. Pero aceptar trabajar para los franciscanos no lo veía profesionalmente atractivo. Para entonces había ejercido la profesión en dos importantes estudios jurídicos, y tenido cargos en el gobierno provincial y federal.

Sin embargo, como dicen algunos, si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes, es que una vez más, mis planes quedaron de lado porque me nombraron, por 3 meses en un banco en Capital Federal y así vine, de manera provisoria a trabajar en esta ciudad. En los ratos libres iba al convento y empezamos el largo proceso que aún no termina.

Los tres meses se hicieron seis y los seis se hicieron nueve y fue entonces que decidí renunciar al banco y volver a Tucumán. Pero razones profundas me convencieron que no era tiempo todavía de marcharme .No todo estaba encauzado en el colegio.

En la evocación de lo transcurrido aparecen situaciones y personas. Trabajar en el colegio no fue ni es nada fácil, tuvo y tiene sus tiempos difíciles. Es un desafío cotidiano. Que no fue fácil. Que fue difícil. Que hubo problemas, desilusiones, enfrentamientos, malos momentos, nervios, toma de decisiones fuertes, es una obviedad, no desconocida por muchos y recién ahora empiezan a florecer los frutos del trabajo sostenido realizado por mucha gente.

Sufrí el desarraigo de mi casa, mis calles, mi ciudad. Cambiar de clima, de amigos y de trabajo tuvo su costo. Varias de las cosas que se hicieron parecían una locura, un desvarío.

Lo más grave que me pasó fue despedir personal. Dejar sin trabajo o sin parte de su sueldo a madres o padres de familia no es sencillo. Al comienzo de mi gestión, en las primeras “cirugías” como no conocía a la gente, solo me temblaba el pulso. Con el paso del tiempo, cuando tuve que despedir trabajadores conocidos, no solo temblaba el pulso, sino también mis sentimientos.

Mientras tanto, renunciaba a parte del aporte estatal, iniciaba juicios y mantenía la firmeza, para algunos, rigidez, que había que tener para salvar la fuente laboral de muchos y el colegio de miles de chicos.

Se regularizaban las deudas, se cobraba a deudores, se mejoraban las aulas, el mobiliario, se cambiaba el uniforme, se pintaban las paredes, se cerraban salas y cursos, se cambiaba el sistema de otorgamiento de becas ,se transformaba la jornada simple en completa, , se nombraron directivos, se instalaban el Vía Crucis y Pesebre con participación de los alumnos del colegio , nacía la Academia de inglés, el Ateneo , el Verano en el Tierra, y Escuela de Futbol, las esperadas Noche de los talento y el Parlamento cristiano ,el mercado de pulgas, la feria de las colectividades, la librería. Y ahora la semana franciscana se trabaja todo el año.Pasábamos airosos auditorias contables, pedagógicas y administrativas.

Estas son las certezas que contrastan con las mil dudas que tenia de trabajar en el colegio.

El apoyo de antes y de ahora, del Dr. Miguel Rivas, Director de la Dirección Técnica Contable de la Dirección de Enseñanza de Gestión Privada, que como todos, me veía como una loca, ha sido vertebral en mi trabajo.

Innegables, son también, el apoyo y la permanente confianza del Custodio de Tierra Santa Rvdmo. Padre Pierbattista Pizzaballa ofm y del Rvdo. Padre Rafael Sube Jiménez ofm.

De todos modos este trabajo fue y es una aventura. Una gran aventura divina, que vale la pena ser vivida, que me hizo rezar más de una vez pidiendo fortaleza y luz en los momentos de las grandes tormentas, que se retroalimenta con alegría y amor a pesar de los esfuerzos que nos exige el día a día.

Hoy muchas cosas son un recuerdo que son rescatados por mi conciencia en un alucinante y veloz desfile de imágenes y sensaciones del tiempo vivido, de lo realizado, de las personas con que traté y trato cada día.

Mi mayor deseo es que San Francisco siga enseñándonos a tener “fe cierta” en que el trabajo en equipo es lo que nos hace mejores, “esperanza cierta” en que es posible que el colegio sea uno, sin división ni celos ni envidias entre los niveles ni entre nosotros y “caridad perfecta” para ser dignos continuadores de los que estuvieron antes que nosotros.

Sufrí y soporté, a veces en soledad, a veces acompañada, las consecuencias de mis decisiones pero siempre Dios me demuestra su amor y me convence de su plan divino para mí porque lo que hay que hacer es simple…basta con abandonarse en El y El hace el resto.

Hoy doy gracias por la bendita enfermedad de mi amiga, por su bendito aburrimiento dominical que la llevó al Parque Tierra Santa. Doy gracias por el agua bendita que inundó mi casa y la bendita negativa de mi vecina a pagar los daños. Por la bendita ruptura con mi amor español .Por la bendita mentira de la docente y hasta me atrevería a dar gracias por los benditos conflictos que padeció el colegio Tierra Santa que hicieron posible que se me invitara a colaborar en el Tierra.

Una enfermedad, el agua y una mentira son las razones de las que se valió Dios para que estuviera hoy y aquí.

Tengo la convicción de que somos como los constructores de una catedral. No estuvimos en los inicios de su construcción ni estaremos en su final. Tengo la convicción de que somos el provenir de esos frailes “heroicos” e inolvidables que se mantuvieron mas de cien años en el Argentina, como se mantienen en Tierra Santa hace casi 800 años.

Tengo la convicción de que lo mejor… está por venir porque arde en el pecho de todos, incesante, ese fuego misterioso de san Francisco, el loco de Asís.

Tengo la convicción de que en estos 125 años del colegio, soy y todos somos, frailes y laicos, por más tiempo que permanezcamos en él, sólo un instante.

Dra. Sara Fauze
Apoderada Legal





Fray Luis Ángel Anguita OFM
Para mi gran satisfacción hoy 22 de junio del año del Señor 2015, después del almuerzo hablando con el padre Guardián me pidió si podía dar un testimonio, escribir algo, sobre nuestro querido Colegio. Un gran desafío por la cantidad de vivencias, que esa fuente de vida, de sueños e ilusiones encierra.

Llegué al convento en el año 1981 y conocí al padre Romualdo Mancini, italiano de Subiaco, como le gustaba decir a él “del pueblo de la Bersalliera” como le llaman a Gina Lollobrigida, una de las más grandes actrices italianas.

La relación con el padre Romualdo se hizo muy profunda, poco a poco empezó a hablarme de su hijo más querido, y buscado “el Colekio” como decía pronunciando en castellano a la italiana dado que en el idioma italiano ni la G ni la J tienen la misma pronunciación del castellano.

Me decía: “¿Ve ese edificio? ¡Usté no sabe cuánto trabako costó y muchas vece estaba solo! Pero no se desanime cuando tenga problema en la vida Dio non lo deka nunca” Y tenía mucha razón. Con determinación y paciencia padre Romualdo levantó lo que hoy admiramos…

Pasaron los años y en el 1999 el entonces Representante Legal, nos pidió al padre Ricardo y a mi si lo podíamos ayudar en el Colegio, y que eligiéramos un nivel, padre Ricardo eligió primaria y yo Secundaria.

Puedo decir sin mentir que comenzó uno de los periodos más hermosos y fructíferos de mi vida. Dios que es bueno y misericordioso nos puso en el camino personas maravillosas, profesoras, maestras, alumnas/os, padres y colaboradores fuera del Colegio.

Creo que fuimos un poco revolucionarios; pusimos colores a las paredes blancas, plantas, jarrones con flores en los pasillos, falso vitro en las ventanas de las aulas que dan a los corredores, cuadros en los ángulos de las escaleras del primero y segundo piso.

Se hizo el grupo de Pastoral en secundaria y poco a poco incorporamos también primaria.

Pero lo fundamental fue hacer una gran comisión de trabajo formada por los tres niveles, y preceptores, participaban los que quisieran libremente, por eso se trabajó mucho y sin horarios, donde el único objetivo era el bien, el crecimiento y la contención del elemento más valioso de la Institución “el Alumno” “lo chico” como decía el gran mentor.

Tendría que nombra a muchos o algunos varios que dieron muchísimo de su tiempo y de su vida por un proyecto institucional que gracias a Dios todavía continua, pero tengo miedo de olvidar alguno.

Tuve la oportunidad y la suerte de conocer a algunas personas que ayudaron al padre Romualdo desde los cimientos de la construcción del Colegio; es justo que nombre a dos de ellas la Srta. Luisa y la Prof. Diana, en ellas mi reconocimiento a tantas otras que también dejaron gotas de sudor con su trabajo por el Colegio.

Recuerdo la cara de los jefes de Departamento y Directivos cuando les hablé de la Semana Franciscana y de la feria de Ciencias.

La Semana Franciscana porque afirmaba, enriquecía y profundizaba nuestra Espiritualidad, identidad y pertenencia como franciscanos.

La Feria de Ciencias elevaba el nivel científico y general del Instituto, la investigación alimenta la curiosidad y el desarrollo del intelecto en la superación constante.

Qué gran satisfacción fue la Primera Semana Franciscana, hubo miedo y quizás también incredulidad de lo que podía salir, pero la conclusión superó todo y demostró con los logros que los desafíos institucionales valen la pena afrontarlos.

Llevo grabados en mis retinas los alumnos con los trajes de Taekwondo haciendo ejercicios en el patio de entrada de Sánchez de Bustamante, las cabañas nuevas de jardín de infantes, los desafíos internos de fútbol, voleibol de la semana preparatoria al Día del Estudiante. Ensayando coreografías de baile moderno o de folklore para los actos, o el coro maravilloso del Colegio integrado por alumnas/os de Primaria, y los desafíos de preguntas sobre temas franciscanos en el Invencible.

Al padre Ricardo María Bustos mi agradecimiento como a la directora de primaria Betty, a la Prof. Forlenza y a la doctora Caia, y a tantas otras y tantos otros que cada uno a su forma pero con mucha dedicación y sacrificio plasmaron en obras todos los proyectos que propusimos.

Al padre Rafael, que el destino quiso que le tocara este aniversario de fundación, mis deseos sinceros y cariñosos de continuar realizando la magnifica obra que con sacrificios y desvelos junto a sus colaboradores está llevando adelante.

Decía el gran Mentor “che no me toque el colekio”, y tenía razón porque nunca lo tocamos, el nos atrapó, nos sedujo y nos hizo suyos.

Padre Romualdo descanse en paz, un fuerte abrazo, de quien nunca olvidará ni a su “colekio”, ni a los que como usted lo hicieron y lo siguen haciendo grande.

Fray Luis Ángel Anguita OFM




El Instituto Tierra Santa en Argentina
El 15 de Marzo de 1860 Fray Francisco Antonio Ozieri reabre la Comisaría con sede en el Convento de San Francisco y se suceden varios frailes como Comisarios hasta que en el año 1878 es nombrado Fray Luis Rossi Desideri que marca un hito fundamental en la historia de la comunidad franciscana en Argentina.

Decimos que marca un hito porque es quien termina la construcción del templo iniciado por las Damas de la Merced, presidida por la Sra. Trinidad Cernadas de Lacroze, esposa del propietario del inmueble, con la condición de hacer un Convento para los Franciscanos de Tierra Santa y un Colegio para niños, por lo que la institución mencionada cede a los Franciscanos los terrenos a tales fines en el barrio de Almagro.

Es el Padre Pedro Angelisanti el que cumple con el deseo del Padre Rossi de crear el Colegio Tierra Santa, inaugurándolo en el año 1890, construcción que fue posible con el apoyo de la familia Terrero.

El Colegio tenía su entrada por la calle Piedad 1529, hoy Bartolomé Mitre 3443 y hasta 1896 tuvo solamente tres aulas y una dirección. Años más tarde se fueron construyendo más aulas y adquiriendo más elementos para la educación de los alumnos que hasta el año 1920 fueron solamente varones.

Por problemas económicos ese año se trasladó la dirección del establecimiento a la “Obra de la Conservación de la Fe” año en que la educación ya estaba dirigida a los varones por la mañana y a las niñas por la tarde. Ello se mantuvo hasta fines del año 1954, por lo que en 1955 el entonces Comisario de Tierra Santa Padre Romualdo Mancini, toma a su cargo otra vez la dirección del Colegio.

Hizo gestiones ante las autoridades del Ministerio de Educación y así obtuvo el reconocimiento oficial el 6 de febrero de 1956 con efecto retroactivo al 1 de abril de 1955, por el cual se autorizaba a funcionar el jardín de infantes y el nivel primario completo.

Es bien sabido que realizó varias obras de edificación entre las cuales podemos mencionar que en enero de 1959 comenzó la demolición y posterior construcción de planta baja y dos pisos, los que fueron inaugurados en marzo de 1960 que serían el inicio de otras varias edificaciones que siguió proyectando y concretando a través de los muchos años que tuvo a su cargo la Institución convirtiendo a la pequeña escuela en un gran establecimiento educativo con enseñanza preescolar, primaria y secundaria.

A partir del 13 de Marzo de 1961 nace el “Instituto Tierra Santa” de los Padres Franciscanos incorporado a la enseñanza oficial y reconocido formalmente el 8 de Junio de 1961.

En junio de 1961 logra la apertura de la carrera de perito mercantil para varones y mujeres y a partir de ahí el numero de grados y de cursos fue creciendo, lo que necesariamente obligaba a aumentar la capacidad y comodidades del instituto, que el Padre Romualdo, incansablemente fue logrando con tenacidad y fortaleza.

En enero de 1962 se procede a la demolición y reconstrucción del primitivo edificio existente sobre la calle Bartolomé Mitre, siendo concluida la obra en octubre de 1963, al año siguiente se construye el gimnasio y en 1967 son adquiridos dos inmuebles sobre calle Sánchez de Bustamante.

En el año 1971 se culminan las edificaciones sobre estos terrenos y compra otro inmueble también sobre calle Sánchez de Bustamante para la construcción del Jardín de Infantes Modelo que se empieza a construir en 1979 y que lleva el nombre de Josefa Domínguez Gerpe de Mora, en agradecimiento al Sr. Manuel Mora, su esposo, benefactor que permitió esta obra.

En mayo del año 1986 en coincidencia con los 25 años de la creación de la carrera de perito mercantil, se inaugura el gimnasio, un lugar para el ejercicio físico del cuerpo y para que armonicen los sentimientos y la espiritualidad de los alumnos.

En enero del año 1996 el Padre Romualdo adquiere el inmueble sito en la esquina de Bartolomé Mitre y Sánchez de Bustamante y ese mismo año queda inaugurado el edificio que cuenta con aulas, auditorio y oficinas.

El Padre Romualdo, fraile querido por todos, trabajador incansable, ideólogo y constructor de todo lo edificado en el colegio Tierra Santa desde 1955 hasta 1998 como así también de la ampliación de niveles educativos, es una figura inolvidable no sólo por lo realizado sino por su personalidad, por su carisma y por su entrega.

Luego del Padre Mancini se suceden Representantes Legales del colegio como lo fueron el Padre Cosme Polizio y Padre Gonzalo Sebastián Zervino, después del cual asume el Rvdo. Padre Rafael Sube Jiménez.

En un escenario de constantes cambios, como lo es Argentina, es valioso resaltar el proceso que se ha venido gestando desde 2007 cuando se destinó a fray Rafael Sube a ser Guardián de la Comisaria de Buenos Aires, con el firme objetivo de fortalecer la presencia de la Custodia de Tierra Santa en este país y ante la imperiosa necesidad se le confía reorganizar el colegio propiedad de la Custodia.

Desde esta responsabilidad, la vocación franciscana como brújula y desde el compromiso con la comunidad de fieles, es que se inició un largo o corto recorrido, según sea la mirada del espectador, labor que no se ha realizado en soledad, sino con un equipo conformado por laicos que colaboraron o colaboran aun hoy en esta tarea que nos fuera encomendada.

Asume en el año 2009 como Representante Legal encontrándose con un panorama devastador. Había una superpoblación de empleados, una inmensa cantidad de deudores, sobredimensión de los cursos, deudas a organismos fiscales y sindicales. Entre otros problemas.

Es por ello que se toma decisiones eficaces y rápidas para sanear las deudas, se reduce personal, y se empiezan a realizar mejoras en el equipamiento escolar.





“TE VAS A ARGENTINA”
Con estas palabras comienza, quizá, la experiencia personal mas completa de mi vida. Palabras dichas por el Custodio de Tierra Santa el domingo de Pentecostés del año 2007, precisamente a la puerta del Cenáculo.

Debo decir que nunca imaginé lo que venir a Buenos Aires iba a significar en mi vida, como fraile y como persona. Una experiencia para la cual no estaba preparado, y que para ser sincero una opción a la cual me resistí hasta que pude. Era imposible pensar todo lo que acá me estaba esperando. Mi vida no se ha distinguido precisamente por un orden estricto, sino al contrario, voy viviendo de acuerdo a como se van presentando las circunstancias. Es por eso que al escribir esta experiencia en Argentina, pero mas específicamente en el Instituto Tierra Santa puede que las ideas y las experiencias vayan surgiendo sin un orden pre establecido, sino de acuerdo a lo primero que venga a mi recuerdo. Porque son tanto los recuerdos que para ponerles un orden y un equilibrio necesitarían al menos 25 años de los 125 que cumple el Colegio.

Mi vida como franciscano era la vida de un fraile que deja su propio país para vivir en la Tierra que, hasta este momento era una Tierra Santa, como la llamamos todos los cristianos, pero sin estar plenamente conscientes de lo que realmente significa en verdad. Jerusalén, Belén, Nazaret eran nombres de ciudades santas, pero hasta ese momento ciudades que sólo existían en las enseñanzas del Catecismo, y en las lecciones de Biblia que aun siendo ya fraile no lograba descubrir lo que realmente significaban y eran.

Llegar a la Tierra Santa fue la experiencia más grande e importante de mi vida, lo que realmente le dio un sentido al ser cristiano y franciscano porque es ahí donde descubrí de manera mas completa el ser Humano del Jesucristo Divino.

Volvamos al 2007, cuando ya mi vida transcurría los momentos felices. Me dedicaba a lo que realmente llenaba mi vida como fraile, acompañar y compartir la experiencia de los Lugares Santos con peregrinos de varias partes de España y de algunos países de América Latina, especialmente de Argentina, ya Dios sabía que tenia que irme preparando poco a poco y de la mejor manera para lo que estaba por venir…

El primer año, los primeros ocho meses para ser un poco más precisos, debo decir que fue el periodo más tranquilo que la Divina y Misericordiosa Providencia me regalo en esta ciudad, llamada ciudad de la furia. Al noveno mes comenzaría a darme cuenta del porque llevaba este nombre y a vivirlo en toda su expresión. Un poco antes de los nueve meses tuve la feliz idea de ir a conocer “nuestro Colegio Tierra Santa”. Fue una feliz y arriesgada idea la de cruzar esa puertas que va del Convento al Colegio, pasando por el Gimnasio. Nunca imaginé el cambio que esa bendita puerta iba a traer a mi vida, de haberlo sabido ¡no la abro, o posiblemente la hubiera abierto antes!

Y comienza una de las vivencias mas fuertes y uno de los desafíos mayores de mi vida, no solo como fraile sino también como persona. Como decía al inicio, no puedo escribir todas las experiencias vividas porque necesitaría un libro, pero seguramente muchas personas sabrán de lo que estoy hablando, y las que no sepan podrán preguntar y descubrir que el Colegio Tierra Santa no puede dejar indiferente a nadie que realmente tenga el deseo de conocer lo que significa trabajar, vivir, compartir en la realidad llamada Custodia de Tierra Santa. El Colegio Tierra Santa es único, no hay uno igual en toda América Latina, es un Instituto que lleva en su propio nombre la carga espiritual, humana y divina de la Tierra de Jesús, los franciscanos no siempre hemos sido capaces de comprender ni de hacer vivir a quienes colaboran con nosotros el significado profundo de lo que es TIERRA SANTA.

Traspasar la puerta del Gimnasio me puso ante una realidad que no esperaba, o que esperaba fuera diferente. Sentí que muchos de nuestros niños, y algunos docentes y directivos, no conocían o se habían olvidado de la imagen del habito franciscano Otras personas, en cambio expresaron en su rostro la alegría de volver a ver caminando por los pasillos, patios del Colegio a un franciscano, seguramente recordando a los frailes que durante muchos años los acompañaron en su vida de estudiantes. Poco a poco fui acercándome a las personas que con su actitud me dieron la oportunidad de conocer la realidad del Instituto.

Han pasado un poco mas de siete años de ese momento, en que siendo el Guardián del Convento de Tierra Santa, llegué al Colegio “sin ser nadie”, simplemente un fraile que quería conocer y compartir esta nueva etapa del ambiente escolar franciscano en Argentina. Y lo que encontré, puedo decir con toda sinceridad, no era lo que esperaba. Poco a poco fui conociendo, o descubriendo cual era la verdadera situación del Instituto, y entre más descubría esta realidad más me preguntaba, ¿Por qué estoy aquí?, y ¿ahora qué hago? Debo decir que siempre hubo un grupo de personas que estuvieron, desde el primer momento conmigo, acompañándome.

Dios siempre se hace presente en los momentos difíciles, para ir al cielo hay que morir, decía alguien por ahí. En un instante decidí emprender el viaje, arriesgar estando consciente de que podía llegar o podía quedarme a mitad del camino, pero lo peor hubiera sido detenerme y no enfrentar la situación. Descubrí mas que nunca que el error y el fracaso son partes del triunfo. Pero también me di cuenta que era un camino que no podía enfrentar solo.

En septiembre del 2008 Dios quiso, que fuera ahí, en la Tierra Santa, donde pusiera en sus manos todo mi proyecto, mis miedos y mis ideales. Dios se hace presente, Dios se manifiesta, aunque sea “a 1320 km”. Y comencé a encontrar un camino, aprendí a convivir con el error y aprender de los fracasos. No podía posponer, no podía no arriesgar, no podía no hacer nada, era consciente que podía extraviarme en ese camino al cielo. No buscaba el éxito, sino ser creativo y crecer, encontrar la mejor manera o en su defecto la mas acertada. No siempre lo logré, pero siempre insistí en la búsqueda. Lo mejor que debo rescatar es el confiar en Dios y en las personas que Él me iba poniendo al lado, al frente o en contra. Todos de alguna manera fueron haciendo posible que el Colegio tan dañado, tan lastimado comenzará a recuperarse.

No era justo que el trabajo de tantos años, de varios frailes y de muchas personas sinceras y honestas se terminara, había que hacer algo e intentar hacerlo bien.

Un camino, que por demás esta decir no estuvo exento de momentos difíciles, de momentos de arriesgar, de momentos de conflicto, de momentos de duda e incertidumbre. Camino que si se recorre en soledad sería imposible caminarlo, pero no, aunque en momentos me sentía solo y ante una gran responsabilidad, reconozco que en el momento justo siempre aparecía alguien o algo que me hacía sentir que debía continuar. Gracias a Dios, desde los primeros momentos pudimos contar con el apoyo de personas responsables de la DGEGP, era reconfortante escuchar frases como: “tranquilos, yo hablo, todo va a estar bien”. Por eso no puedo dejar de decirles muchas gracias.

Es un momento muy oportuno para agradecer a Dios por todo lo vivido y aprendido. A las personas que han caminado conmigo y lo siguen haciendo, a los que no la pensaban ni la piensan como yo, les agradezco por ser parte de esta obediencia que el Custodio, amablemente me encomendó al decirme: “te vas a Argentina”. Y un gracias a las familias que en los momentos mas difíciles nos dieron su confianza y nos dieron lo mejor que tienen, a sus hijos que son quienes han hecho que este Colegio pueda llegar a sus 125 años

Fray Rafael Sube Jiménez ofm
Guardián y Comisario de Tierra Santa





EL INSTITUTO TIERRA SANTA EN ARGENTINA
El 15 de Marzo de 1860 Fray Francisco Antonio Ozieri reabre la Comisaría con sede en el Convento de San Francisco y se suceden varios frailes como Comisarios hasta que en el año 1878 es nombrado Fray Luis Rossi Desideri que marca un hito fundamental en la historia de la comunidad franciscana en Argentina.

Decimos que marca un hito porque es quien termina la construcción del templo iniciado por las Damas de la Merced, presidida por la Sra. Trinidad Cernadas de Lacroze, esposa del propietario del inmueble, con la condición de hacer un Convento para los Franciscanos de Tierra Santa y un Colegio para niños, por lo que la institución mencionada cede a los Franciscanos los terrenos a tales fines en el barrio de Almagro.

Es el Padre Pedro Angelisanti el que cumple con el deseo del Padre Rossi de crear el Colegio Tierra Santa, inaugurándolo en el año 1890, construcción que fue posible con el apoyo de la familia Terrero.

El Colegio tenía su entrada por la calle Piedad 1529, hoy Bartolomé Mitre 3443 y hasta 1896 tuvo solamente tres aulas y una dirección. Años más tarde se fueron construyendo más aulas y adquiriendo más elementos para la educación de los alumnos que hasta el año 1920 fueron solamente varones.

Por problemas económicos ese año se trasladó la dirección del establecimiento a la “Obra de la Conservación de la Fe” año en que la educación ya estaba dirigida a los varones por la mañana y a las niñas por la tarde. Ello se mantuvo hasta fines del año 1954, por lo que en 1955 el entonces Comisario de Tierra Santa Padre Romualdo Mancini, toma a su cargo otra vez la dirección del Colegio.

Hizo gestiones ante las autoridades del Ministerio de Educación y así obtuvo el reconocimiento oficial el 6 de febrero de 1956 con efecto retroactivo al 1 de abril de 1955, por el cual se autorizaba a funcionar el jardín de infantes y el nivel primario completo.

Es bien sabido que realizó varias obras de edificación entre las cuales podemos mencionar que en enero de 1959 comenzó la demolición y posterior construcción de planta baja y dos pisos, los que fueron inaugurados en marzo de 1960 que serían el inicio de otras varias edificaciones que siguió proyectando y concretando a través de los muchos años que tuvo a su cargo la Institución convirtiendo a la pequeña escuela en un gran establecimiento educativo con enseñanza preescolar, primaria y secundaria.

A partir del 13 de Marzo de 1961 nace el “Instituto Tierra Santa” de los Padres Franciscanos incorporado a la enseñanza oficial y reconocido formalmente el 8 de Junio de 1961.

En junio de 1961 logra la apertura de la carrera de perito mercantil para varones y mujeres y a partir de ahí el numero de grados y de cursos fue creciendo, lo que necesariamente obligaba a aumentar la capacidad y comodidades del instituto, que el Padre Romualdo, incansablemente fue logrando con tenacidad y fortaleza.

En enero de 1962 se procede a la demolición y reconstrucción del primitivo edificio existente sobre la calle Bartolomé Mitre, siendo concluida la obra en octubre de 1963, al año siguiente se construye el gimnasio y en 1967 son adquiridos dos inmuebles sobre calle Sánchez de Bustamante.

En el año 1971 se culminan las edificaciones sobre estos terrenos y compra otro inmueble también sobre calle Sánchez de Bustamante para la construcción del Jardín de Infantes Modelo que se empieza a construir en 1979 y que lleva el nombre de Josefa Domínguez Gerpe de Mora, en agradecimiento al Sr. Manuel Mora, su esposo, benefactor que permitió esta obra.

En mayo del año 1986 en coincidencia con los 25 años de la creación de la carrera de perito mercantil, se inaugura el gimnasio, un lugar para el ejercicio físico del cuerpo y para que armonicen los sentimientos y la espiritualidad de los alumnos.

En enero del año 1996 el Padre Romualdo adquiere el inmueble sito en la esquina de Bartolomé Mitre y Sánchez de Bustamante y ese mismo año queda inaugurado el edificio que cuenta con aulas, auditorio y oficinas.

El Padre Romualdo, fraile querido por todos, trabajador incansable, ideólogo y constructor de todo lo edificado en el colegio Tierra Santa desde 1955 hasta 1998 como así también de la ampliación de niveles educativos, es una figura inolvidable no sólo por lo realizado sino por su personalidad, por su carisma y por su entrega.

Luego del Padre Mancini se suceden Representantes Legales del colegio como lo fueron el Padre Cosme Polizio y Padre Gonzalo Sebastián Zervino, después del cual asume el Rvdo. Padre Rafael Sube Jiménez.

En un escenario de constantes cambios, como lo es Argentina, es valioso resaltar el proceso que se ha venido gestando desde 2007 cuando se destinó a fray Rafael Sube a ser Guardián de la Comisaria de Buenos Aires, con el firme objetivo de fortalecer la presencia de la Custodia de Tierra Santa en este país y ante la imperiosa necesidad se le confía reorganizar el colegio propiedad de la Custodia.

Desde esta responsabilidad, la vocación franciscana como brújula y desde el compromiso con la comunidad de fieles, es que se inició un largo o corto recorrido, según sea la mirada del espectador, labor que no se ha realizado en soledad, sino con un equipo conformado por laicos que colaboraron o colaboran aun hoy en esta tarea que nos fuera encomendada.

Asume en el año 2009 como Representante Legal encontrándose con un panorama devastador. Había una superpoblación de empleados, una inmensa cantidad de deudores, sobredimensión de los cursos, deudas a organismos fiscales y sindicales. Entre otros problemas.

Es por ello que se toma decisiones eficaces y rápidas para sanear las deudas, se reduce personal, y se empiezan a realizar mejoras en el equipamiento escolar.





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